Los contratos por diferencias permiten que los compradores puedan beneficiarse de la diferencia de precios entre el de apertura y el de cierre de la operación, pero también podrán operar con más dinero debido al apalancamiento de las mismas.

Esto quiere decir que, si un comprador quiere acceder a una posición equivalente a 300 acciones, sólo debe depositar un 20% del coste total. La ventaja de esta característica es que los beneficios pueden verse multiplicados, sin embargo, las pérdidas también.

Al invertir en CFDs, la estrategia debe estar muy marcada, apostando por la subida o bajada del precio del activo subyacente. Es un producto flexible y accesible, aunque para conseguir el máximo beneficio hay que tener un buen plan de gestión del riesgo.

En los CFD se permiten tanto las posiciones largas como las posiciones cortas. Éstas últimas son las más recomendables, puesto que se genera un beneficio cuando el precio del mercado subyacente desciende.

Si una persona cree que sus acciones van a caer, puede vender un CFD sobre las acciones de la compañía. El precio se sigue negociando, si las acciones bajan, el cliente obtiene beneficios, de lo contrario, si suben, tendrá pérdidas.

En algunos brokers de CFDs cuentan con la característica de poder negociar directamente en el mercado, sin pasar por intermediarios, lo que favorece al acceso directo a éste. Por último, la liquidez está ligada al activo subyacente, esto favorece a que el comprador pueda obtener beneficios incluso en las caídas de las cotizaciones.

Los CFD se liquidan diariamente pero su posición puede prorrogarse los días que se desee, por lo tanto, no tienen vencimiento. Cuando sucede esto, lo habitual es que la entidad exija un pago por intereses de las posiciones compradas en concepto de financiación.

Categorías: Financiación

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